Adiós, Cristina

Que gran razón tenía tu hija Julieta, con esa frase que nos rompió a todos los presentes en mil pedazos; tu amor necesitaba expandirse tanto, que tu cuerpo se convirtió en un obstáculo,  y ahora, ya libre, podías dar sentido pleno a tu existencia. 

Su poesía acarició nuestras lágrimas para recordarnos que ya no podíamos abrazarte como antes, aunque ahora por fin, formabas parte del alma de toda aquella gente; como por arte de magia, nuestra tristeza terminaba fundiéndose con la sonrisa de nuestros corazones, donde ahora nos esperas para volver a enseñarnos el camino de la esperanza.

La poesía, la música, los recuerdos y la belleza, estaban presentes en un acto donde la tristeza luchaba a brazo partido con el amor, el amor que compartíamos, como la vida que pudimos vivir juntos, entonces la nostalgia me embargó y recuerdos de nuestros años de juventud se abrieron paso entre los nubarrones del vacío que nos dejas.

Nuestros viajes juntos a la facultad, nuestras conversaciones frescas y ambiciosas sobre el futuro que esperábamos y que nunca llegó, nuestros anhelos y sueños, nuestros proyectos y miedos en las idas y vueltas en tren, despacio,  sin darle importancia al tiempo, que ya entonces se nos estaba escapando entre los dedos sin darnos cuenta. Tantas horas juntos durante aquellos años donde anhelábamos una libertad que disfrutábamos sin saber que era aquello que vivíamos, nada más despertarnos por la mañana.

Compartimos pasión por la amistad y por la naturaleza en su estado más puro, juntos en compañía de nuestros amigos comunes, ahora, con la distancia que dan los años, sin duda creo que fueron algunos de los años más felices de nuestras vidas.

Acabamos los estudios, y nos lanzamos al vacío de una vida por conquistar, intentando hacer realidad nuestros sueños compartidos, hicimos familia y encontramos trabajo, pero una luz dentro de ti, descubrió que había algo más allá de lo evidente, y cuando algo se te mete en la cabeza ya no hay forma de sacártelo, pediste la cuenta y abandonaste tu vida laboral para adentrarte en la aventura del autoconocimiento.

Yo entonces no entendí nada, pero son las personas a las que no entendemos las que han venido a este mundo a mostrarnos las puertas a otra realidad, que aunque no podemos ver, de alguna forma habita dentro de nosotros mismos.

Siempre te he querido, y en aquellos momentos, sin pensarlo dos veces nos apuntamos a tus cursos de Reiki para apoyarte en tu nueva aventura, yo no creía nada de todo aquello, para mi era todo una locura, pero era tu locura y yo quería apoyarte sin más. Aquellos cúmulos de decisiones cambiaron nuestras vidas Cristina, y tu lo sabías, pero desde tu visión, con tu generosidad, nos acompañaste en un camino recién iniciado que a la postre, acabaría derrumbando todas las creencias sobre las que asentaba mi propia vida. Sin duda, hoy se quien soy, gracias a ti, y no tengo ninguna duda de que aún respiro, gracias a las enseñanzas que empezaron aquel día.

Tú sabes que yo no uso mucho la energía, pero estuviste ahí cuando yo más la necesité y eso amiga mía, no lo olvidaré mientras viva, no te olvidaré mientras no me olvide de quien soy, tu fuiste mi amiga, mi maestra y mi mentora. De hecho aún lo eres y lo serás.

 

Y llegaron nuestro hijos, y compartimos momentos felices con su nacimiento y su infancia, y te encontré siempre allí donde me hizo falta contar con tu presencia y tu energía, siempre, como la luz que me ilumina y en la que te has convertido. Ahora toca vivir sabiendo que ya no podemos compartir este tiempo, o quizá sí. Decía Nuria que ayer, bajo el frío y la lluvia intensa de estos días, una mariposa revoloteaba frente a nuestra ventana, desafiando al invierno y a la creencia de que las mariposas solo pueden volar en primavera. Miramos por la ventana y lloramos juntos hoy al recordarla, porque nos recordó otra vez a ti, porque ahora, ahora estás en todas partes, porque estás fuera y estás dentro, eres lluvia y eres sol, eres aliento y esperanza, eres lágrimas y sonrisa, eres recuerdos e incredulidad, porque no puedo entender, una vez más, porque te has ido, aunque estoy seguro de que tarde o temprano lo descubriré, y justo en ese momento, nos volveremos a ver.

Adiós, amiga, y gracias por haber compartido nuestras vidas desde la generosidad y el respeto del que necesita aprender que no es necesario comprender para sentir,  sentir que ya no estás, aunque seguirás estando.

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