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El renacido

El renacido 

   Lo que empezó con El día que me convertí en una planta, tras haber sido capaz de superar un Covid 19 muy grave, y siguió un año después con los aprendizajes que compartí en La cicatriz, me toca contarte hoy día 30 de Marzo de 2025 lo que han supuesto para mi estos 5 años post pandemia, con este post pongo punto final a esta serie sobre el Covid 19 vivido en mis propias carnes.

   He de confesarte que, tras los dos primeros años, sencillamente lo olvidé, seguí con mi vida, en un intento de borrar de mi memoria lo vivido en aquella situación, aunque he tenido un proceso de descubrimiento que un poco más abajo te contaré.

   No ha sido tan fácil como decir punto y seguido, hace unos días cayo en mis manos el podcast de Contramarea de la Cadena Ser, creado por el enfermero Karim Agharbi sobre la experiencia de lucha vivida en esos días en el Hospital 12 de Octubre y me ha despertado toda una serie de recuerdos y de emociones que me indican que la huella que dejó esta experiencia en mi es mucho más profunda de lo que yo creía.

   La recuperación física, fue relativamente sencilla, pero nadie me previno de la debacle psicológica y emocional que me esperaba y que me han supuesto 5 años de trabajo muy duro para comprender que la vida para mi ha cambiado de una forma radical, mejor dicho, no ha sido la vida lo que ha cambiado, sino yo mismo, mis necesidades, mis prioridades, mis sueños, mis valores y en definitiva mi identidad.

   Nada cobra sentido cuando tras recuperarte físicamente, tu mente trata de recuperar su lugar en la vida y lucha por recuperar lo que fue, pero entonces nada parece ya tener sentido.

   Por doquier, en conversaciones, la gente con la que hablas te dice que ahora eres más fuerte, pero en realidad no es así, debes descubrir que ya no puedes volver a ser el que fuiste, asumir la nueva realidad y comprender que se abre un nuevo camino en el que aprender quién eres ahora se convierte en el propósito de tu existencia. Tu mente lucha por recuperar el pasado, tu vida anterior, pero sencillamente, eso carece ya de todo sentido.

   Grandes aprendizajes en el presente se mezclan con las emociones pasadas como el miedo, la incertidumbre, el dolor, pero también el amor, la empatía, la cercanía, y la amistad por las personas anónimas que ahora forman parte mi, ni mejor ni peor que el de antes, sencillamente diferente.

   Las palabras que ahora intentan reflejar lo que soy, tienen que ver con respirar, con sentirme sereno, con ser paciente y confiar, con arriesgar  y divertirme, con compartir y comprender, y sobre todo con agradecer.

   Ahora toca embarcarse en nuevas aventuras que si quieres compartiré contigo.

   Desde aquí quiero agradecer por su apoyo incondicional a Nuria mi mujer, que estuvo conmigo cuando luchaba al borde de la muerte, a mi doctora Carmen, mi segunda madre, a Juanma, Luz, Rubén y Pedro los fisios que me ayudaron a ponerme en pie de nuevo, a todas las auxiliares, enfermeras, celadores y limpiadoras que me acompañaron a salir del infierno, en especial a Mamen por su  cariño y a Belén por ayudarme a salir del victimismo, a mi coach Patricia y a mi Psicóloga Guadalupe, a Idoya y a Raquel por su escucha activa sin juzgarme, a mi amigo Colo por mantener vivo nuestro sueño de Sueños de un Maniquí al que me agarré como a un clavo ardiendo y en especial a mis amigas Cristina y Mayte, que con su muerte me dieron el principal aprendizaje. Mi agradecimiento a todas ellas, personas responsables de que hoy pueda seguir soñando.

Hasta siempre y gracias.

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Crowd

Perdidos

Me pregunto ¿Qué hago aquí, entre tanta gente? Avanzo rodeado de personas desconocidas en una misma dirección, personas de todo tipo, niños pequeños acompañados por sus padres con una expresión de preocupación en sus ojos, adolescentes que lo hacen hacia atrás, ancianos que se ayudan de sus bastones, y algunos que marchan distraídos ensimismados en una conversación con su compañero de camino.

Avanzan en coche o moto aquellos que creen que necesitan llegar primero, avanzan arrastrándose por el suelo, o en silla de ruedas, avanzan de noche y de día sin detener su rumbo, en masa.

La carrera empezó hace algún tiempo, en un pasado que nadie podía recordar, y ahora ya nadie se atrevía a parar, los cuerpos sin vida de aquellos que paraban se acumulaban en los bordes del camino, nadie sabía si morían víctimas del agotamiento o porque en algún momento intentaron salirse de él.

Un niño llora un poco más adelante, se resiste a avanzar y sus padres tiran de él en un intento desesperado de continuar la marcha.

Llevan días marchando, sin descanso, por ese camino que se abre ante ellos sin un destino concreto, salvo el mero hecho de continuar en él, en un viaje a ninguna parte.

De cuando en cuando la carretera se bifurca y todo el mundo sigue el mismo desvío sin preguntarse quien fue el primero en tomar aquella decisión, entonces, allá a lo lejos vuelve a ocurrir, una nueva bifurcación se abre ante ellos y todo el mundo toma el camino de la derecha, nadie lo cuestiona. Entonces, un momento de duda se cruza en mi mente y pone en jaque a la certidumbre,  pienso en que me podría esperar tras esa curva, quizá un precipicio o una ruta sin salida, o quizá unas alimañas hambrientas que quieren convertirme en el primer bocado de la mañana.

Al rato ya había tomado aquella pequeña curva y allí estaba en medio de ninguna parte, andando, perdido, sin rumbo, sin destino, sin final, solo enfrentado a mis propios miedos e incertidumbre, maldiciendo aquella decisión sin meditar. 

Avanzo en esa carrera que se acaba de convertir en paseo, porque ya no hay competición, paseo porque ya no puedo compararme con los otros, ya no se si voy deprisa o despacio, paseo porque ya no hay cuerpos que sortear y entonces descubro que la verdadera carrera, el desafío lo llevo dentro de mi, no eran realmente competidores aquellos compañeros de viaje sin final, sin destino ni propósito, más allá que el de seguir avanzando.

Entonces el miedo se diluye entre el cálido aire que me acaricia el rostro esa mañana, nunca había reparado en él, escucho por vez primera el trinar de los pájaros a mi alrededor y el camino se empieza a disolver bajo mis pies con cada paso.

Me descubro en medio de una pradera cubierta de flores, arboles me rodean por doquier cargados de frutos y entonces, bajo uno de esos manzanos veo un grupo de personas sentadas sobre un mantel, uno de ellos me hace una seña con la mano invitándome a compartir .

Entonces comprendo que no había carrera alguna, no existía un camino, ni una meta, el principio y el fin estaban en mi, en todos y cada uno, aquí y ahora.

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Mirar atrás…para coger impulso

Foto de Reed Naliboff en Unsplash

Se acerca el final del año, y entran ganas de echar la vista atrás. Las webs y redes sociales se cargan de contenidos que tienen mucho que ver con hacer balance del año que acaba, aunque si lo piensas un poco, ¿qué es un año?.

El tiempo es un convencionalismo, vaya, un invento del ser humano, porque de forma innata necesitamos medirlo todo, compararlo todo para de esta forma, adelantarnos a un futuro incierto y peligroso. Hacer balance, es centrarnos en el pasado, echar una mirada al retrovisor de nuestra vida y comparar nuestros propósitos con nuestros resultados. Si al principio del año nos propusimos adelgazar, la báscula hoy nos confrontará con la realidad de quienes somos y de lo comprometidos que estuvimos con nosotros mismos.

Con las comparaciones, conviene tener cuidado, porque habitualmente cometemos un error que tiene que ver con aquello con lo que nos comparamos, es decir, con la referencia, de esta forma simplificamos el análisis a la máxima expresión, y habitualmente nuestro cerebro nos hace trampas, llevando la comparación con aquello que nos es muy difícil de alcanzar. El motivo de esa forma de actuar tiene que ver con el ponernos en la posición de víctimas, que como sabes, lejos de ayudarnos de cara a lo que tenemos por delante, nos frenará.

El buscador de empleo, cuando hace balance pensará en lo mucho que se esforzó en alcanzar el objetivo, la cantidad de currículums que imprimió, la cantidad de ofertas a las que aplicó, todas esas entrevistas que no lograron su objetivo y enfrentará toda esa frustración con el hecho de que no ha logrado su objetivo. Cuando no logramos el objetivo, sufrimos una decepción para con nosotros mismos, que reduce nuestro amor propio, y eso justamente logra el efecto contrario al que debemos buscar, empoderarnos.

Pero además el objetivo del buscador de empleo, es un objetivo público, y el fracaso en su consecución es por consecuencia algo que sabrá todo el mundo, este hecho, provoca además un segundo riesgo ligado con sentimientos de incapacidad y vergüenza. Una montaña emocional que lejos de empoderarnos de cara a nuestros siguientes pasos, nos invitará a la reclusión y al alejamiento de la acción.

Llega el momento de cerrar ciclo, de echar la vista atrás desde el desapego emocional al resultado, llega el momento de centrarnos en lo que logramos hacer y reflexionar sobre lo que debemos hacer desde hoy para cambiarlo, llega el momento de seguir construyendo desde la comprensión de que hicimos todo lo que supimos y pudimos hacer, y que precisamente por eso ahora estamos en disposición de dar el siguiente paso, subiendo el nivel del esfuerzo, sintiendo que ahora si que podemos lograrlo. 

No hay cierre de ciclo, sino superposición de acciones, de situaciones, de comprensión sobre lo que hemos alcanzado, y que hemos aprendido sobre ello, llega el momento de utilizar la arena del fracaso, para crear la argamasa que nos permita construir el siguiente peldaño en la escalera hacia nuestros propósitos.

Por eso te invito a que te desapegues del resultado y te centres en tus logros, aquello que fuiste capaz de hacer y reflexiones de forma sincera sobre lo que necesitas repetir, lo que necesitas mejorar, aprender, conocer, lo que necesitas alejar para poder avanzar, lo que precisas comprender sobre lo que te impidió lograrlo durante este último año para desde ahí, crear las condiciones que te ayuden a crecer, a compartir, a impulsar hacia delante tu búsqueda, con el convencimiento de que estás tras este último año, un poco más cerca de lograr tu objetivo.

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Cristina

Adiós, Cristina

Que gran razón tenía tu hija Julieta, con esa frase que nos rompió a todos los presentes en mil pedazos; tu amor necesitaba expandirse tanto, que tu cuerpo se convirtió en un obstáculo,  y ahora, ya libre, podrías dar sentido pleno a tu existencia. 

Su poesía acarició nuestras lágrimas para recordarnos que ya no podíamos abrazarte como antes, aunque ahora por fin, formabas parte del alma de toda aquella gente; como por arte de magia, nuestra tristeza terminaba fundiéndose con la sonrisa de nuestros corazones, donde ahora nos esperas para volver a enseñarnos el camino de la esperanza.

La poesía, la música, los recuerdos y la belleza, estaban presentes en un acto donde la tristeza luchaba a brazo partido con el amor, el amor que compartíamos, como la vida que pudimos vivir juntos, entonces la nostalgia me embargó y recuerdos de nuestros años de juventud se abrieron paso entre los nubarrones del vacío que nos dejas.

Nuestros viajes juntos a la facultad, nuestras conversaciones frescas y ambiciosas sobre el futuro que esperábamos y que nunca llegó, nuestros anhelos y sueños, nuestros proyectos y miedos en las idas y vueltas en tren, despacio,  sin darle importancia al tiempo, que ya entonces se nos estaba escapando entre los dedos sin darnos cuenta. Tantas horas juntos durante aquellos años donde anhelábamos una libertad que disfrutábamos sin saber que era aquello que vivíamos, nada más despertarnos por la mañana.

Compartimos pasión por la amistad y por la naturaleza en su estado más puro, juntos en compañía de nuestros amigos comunes, ahora, con la distancia que dan los años, sin duda creo que fueron algunos de los años más felices de nuestras vidas.

Acabamos los estudios, y nos lanzamos al vacío de una vida por conquistar, intentando hacer realidad nuestros sueños compartidos, hicimos familia y encontramos trabajo, pero una luz dentro de ti, descubrió que había algo más allá de lo evidente, y cuando algo se te mete en la cabeza ya no hay forma de sacártelo, pediste la cuenta y abandonaste tu vida laboral para adentrarte en la aventura del autoconocimiento.

Yo entonces no entendí nada, pero son las personas a las que no entendemos las que han venido a este mundo a mostrarnos las puertas a otra realidad, que aunque no podemos ver, de alguna forma habita dentro de nosotros mismos.

Siempre te he querido, y en aquellos momentos, sin pensarlo dos veces nos apuntamos a tus cursos de Reiki para apoyarte en tu nueva aventura, yo no creía nada de todo aquello, para mi era todo una locura, pero era tu locura y yo quería apoyarte sin más. Aquellos cúmulos de decisiones cambiaron nuestras vidas Cristina, y tú lo sabías, pero desde tu visión, con tu generosidad, nos acompañaste en un camino recién iniciado que a la postre, acabaría derrumbando todas las creencias sobre las que asentaba mi propia vida. Sin duda, hoy se quien soy, gracias a ti, y no tengo ninguna duda de que aún respiro, gracias a las enseñanzas que empezaron aquel día.

Tú sabes que yo no uso mucho la energía, pero estuviste ahí cuando yo más la necesité y eso amiga mía, no lo olvidaré mientras viva, no te olvidaré mientras no me olvide de quien soy, tu fuiste mi amiga, mi maestra y mi mentora. De hecho aún lo eres y lo serás.

Y llegaron nuestro hijos, y compartimos momentos felices con su nacimiento y su infancia, y te encontré siempre allí donde me hizo falta contar con tu presencia y tu energía, siempre, como la luz que me ilumina y en la que te has convertido. Ahora toca vivir sabiendo que ya no podemos compartir este tiempo, o quizá sí. Decía Nuria que ayer, bajo el frío y la lluvia intensa de estos días, una mariposa revoloteaba frente a nuestra ventana, desafiando al invierno y a la creencia de que las mariposas solo pueden volar en primavera. Miramos por la ventana y lloramos juntos hoy al recordarla, porque nos recordó otra vez a ti, porque ahora, ahora estás en todas partes, porque estás fuera y estás dentro, eres lluvia y eres sol, eres aliento y esperanza, eres lágrimas y sonrisa, eres recuerdos e incredulidad, porque no puedo entender, una vez más, porque te has ido, aunque estoy seguro de que tarde o temprano lo descubriré, y justo en ese momento, nos volveremos a ver.

Adiós, amiga, y gracias por haber compartido nuestras vidas desde la generosidad y el respeto de aquel que necesita aprender que no es necesario comprender para sentir,  sentir que ya no estás, aunque seguirás estando.

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La cicatriz

La cicatriz

Han pasado ya dos años desde el día en que me desperté tetrapléjico y mudo en la UCI del Hospital de Guadalajara, pero ahora ya no toca hablar de mi experiencia, si no la conoces, te recomiendo visitar antes la entrada EL DÍA EN QUE ME CONVERTÍ EN UNA PLANTA.

Paseo por la calle como me gusta hacer cada día, para sentir la vida fluir a través de mí y me olvido de que está ahí, en mi cuello, para recordarme  lo que me ocurrió, hace ya dos años, aunque aún me parezca imposible.

La gente me mira y yo les devuelvo una mirada de tranquilidad, se que provoca una mezcla de miedo y asco, ese agujero que ahora forma parte de mí. Es la cicatriz más visible que sí habla de quién soy, aunque no es la única, otras andan ocultas a la vista incluso dentro de mi alma.

No olvides nunca que tus cicatrices si que hablan de quien eres, de las experiencias que viviste, de los retos que superaste, las heridas que sanaste y de tus ganas de vivir. No son un motivo de orgullo, sencillamente son porque estás y eso sin duda es lo más importante.

Hace ya dos años de desperté de la pesadilla infinita para sumergirme en otra aún peor, algo difícil de asumir y de enfrentar pero, que otra cosa puedes hacer ante un problema sino tratar de superarlo, de confrontarlo, de jugar la partida hasta el final.

 

Hoy todo parece un mal sueño, y por eso la cicatriz me obliga a recordar lo que el virus me quitó, pero tambien a reconocer cuanto me ha dado, sin duda por aquellos quedaron por el camino, y por los que andan ahora peleando; por eso siento la necesidad de compartir contigo los aprendizajes que me han hecho hoy una persona distinta, ni mejor ni peor, solo diferente, quizá más fuerte y paciente.

Mi primer aprendizaje, casi nada más despertar, fue comprender que lo más importante de la vida, nos pasa totalmente desapercibido porque lo damos por seguro, y entre todas las cosas me quedo con una, y es respirar. Sentir como entra el aire en los pulmones sencillamente es la señal de que puedes seguir peleando, luchando por tus sueños, cada vez que inspiras, un mundo nuevo de posibilidades está disponible para ti; si algo debo recomendarte es que, si fumas, dejes de hacerlo, y si lo intentas y caes, lo vuelvas a intentar hasta que lo logres. Te aseguro que sentir que el aire no entra en los pulmones ha sido la peor experiencia de mi vida.

Cuando se habla de enfermedad, es cuando echamos en falta la salud, en ese trinomio de la supuesta felicidad que forma con el dinero y el amor. En aquellos momentos el dinero me importaba más bien nada, aunque si no hubiese sido por él, el hospital donde me salvaron sencillamente no existiría. La falta de salud lo borra todo, y entonces ya no importa nada, nada salvo una cosa, EL AMOR. A falta del amor de mis seres queridos, recibí desde el principio el amor incondicional de todos aquellos que me cuidaban y te aseguro que, sin él, no habría podido salir adelante. Con el amor de tu lado, cualquier reto es asumible por grande que sea, tenlo muy en cuenta, pues el amor puede ser dado de forma incondicional, no necesitas motivos, ni permiso para amar, así que AMA.

Me llegaron mensajes a través de videos, videoconferencias, conversaciones (bueno eran más bien monólogos, yo solo escuchaba) y tras un tiempo comprendí que se puede amar sin permiso, pero no se puede forzar la amistad, sencillamente no se puede ser amigo de quien no quiere serlo. Qué más da, siempre podrás seguir amando.

Déjame que piense, tras las pesadillas que han quedado en mi como recuerdos del pasado, entre las sombras, la niebla y el miedo, estaban los compromisos, la esperanza y los proyectos por terminar y todo eso, se convierte en esos momentos en asideros a los que te puedes agarrar para lograr seguir respirando y evitar perder lo único que te queda, porque de eso descubres que va la vida, de perder, de aprender a perderlo todo hasta que ya no te quede nada, por eso te invito a comprender que la vida no va de tener, sino de disfrutar de lo que tienes ahora, justo en este momento.

 

Allí, mientras estuve en coma y durante varias ocasiones, acabé flotando en la nada, en la oscuridad más absoluta, rodeado de silencio y vacío, de ausencia y olvido, allí donde parece que te espera el miedo y la muerte, allí donde acaba todo, en realidad te espera la tranquilidad y la certeza, el sosiego y la paz, la calma absoluta, por eso no tiene sentido temer el final, en él no hay sitio para la impaciencia y el miedo, solo hay sitio para el amor.

 

Caminar, correr, subir o bajar, levantarse, eso es sencillamente ser libre, si puedes hacerlo, estás a un paso de la felicidad, aunque creo que incluso sin eso, se puede aprender a ser feliz, yo encontré la felicidad en el vuelo de los pájaros, el vagar de las nubes, incluso en el claxon de los coches que no podía ni ver, pero que me permitían saber que allí fuera, la vida aún me estaba esperando.

 

Saborear, beber, y conversar ya no son simples placeres, sino lujos que no llegamos a comprender hasta que los perdemos, disfrútalos siempre que puedas,  siempre consciente.

Y detrás de todo, apoyando en el sufrimiento, está lo único que permanecerá frente a viento y marea, anhelando un regreso que se pone en riesgo tras cada llamada de teléfono, la familia, los amigos, tus seres queridos, que son la energía que mueve la existencia de cada uno de nosotros sin que nos demos cuenta. Cuando todo se pierde, en realidad aún quedan ellos, aún presentes, llorando por la pérdida que en realidad no es tal, pues tú ya formas parte de ellos igual que ellos, forman parte de ti, (así lo viví en varias de mis pesadillas).

 

Hoy sano, y sabiéndome un privilegiado con mucha mucha suerte, tengo el derecho y el deber de vivir, desde la tranquilidad y la paciencia, desde la empatía y la comprensión, desde la ilusión y el respeto, desde la tolerancia para poner punto y seguido, y espero de corazón que podamos conocernos por el camino.

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El error que comentes te define

  Como haces una cosa, las haces todas.  Esta es una máxima en el mundo del crecimiento personal que nos permite conocer esas zonas ocultas que no queremos ver en nosotros mismos y que pueden convertirse en el punto de partida desde el que iniciar un camino de mejora personal.

   Es muy complicado ver nuestras debilidades, nos acostumbramos a ellas y las asumimos como parte de quienes somos, casi inmutables en una estrategia inconsciente de evitar enfrentarlas, pero como ocurre con todos los problemas, no podemos resolverlos si no somos conscientes de ellos.

Hace un rato leí una entrevista realizada a Silvia Dávila, presidenta de Danone Latam que puedes leer si te apetece aquí. En ella hay una frase que me resonó mucho que dice:

Un error no te define. Te equivocas, corriges y punto. ¿Qué es lo más grave que te puede pasar? ¿Qué te despidan? Incluso si sucede eso, algo habrás aprendido

   No es mala filosofía de vida esa de pensar en lo peor que te pueda pasar como vía para reducir el miedo que nos produce el futuro, pero no puedes aprender cuando no eres consciente de que te has equivocado, y la cuestión es que cuando no eres capaz de comprender que has cometido un error, no puedes aspirar a resolverlo y mucho menos a aprender de ello.

Es muy fácil darse cuenta de cómo los demás cometen una y otra vez el mismo error consecuencia de no haberse hecho responsables del mismo, negándose a asumir esa responsabilidad, pero no es tan sencillo ver los que cometemos nosotros.

   Cuando cometemos un error, su motivador no es algo ajeno a nosotros, sino algo interno, y no podemos huir de quienes somos, por ese motivo huir tras el error no suele eliminar sus consecuencias, únicamente cambiamos el escenario, ya que el origen de nuestros errores está en nosotros, nos lo llevamos en el cambio, es por eso que si no indagamos en nuestra responsabilidad y en el aprendizaje que conlleva, estaremos condenados a cometerlos una y otra vez.

Los errores nos definen, vaya si nos definen

  • Nos definen cuando los repetimos, pues indican de nosotros que no tenemos capacidad de aprendizaje, que no somos responsables ni conscientes de nuestros problemas, indican nuestra «cabezonería».
  • Nos define su tamaño, si cometemos solo errores pequeños, están indicando nuestra falta de ambición y crecimiento, nuestro miedo al riesgo y a sus consecuencias.
  • Nos define su ausencia, cuando somos víctimas de nuestra propia búsqueda de la perfección que redunda en falta de creatividad y miedo a las opiniones de los demás, nuestra falta de autoconfianza.
  • Nos define su número, cuando nuestra mente divaga, y estamos pensando en otras cosas que nos gustaría hacer en lugar de enfocarnos en la tarea que nos ocupa.
  • Nos define cómo los resolvemos, cuando miramos a otro lado para no verlos, o cuando reflexionamos buscando a un culpable a quién cargar la responsabilidad o cuando asumimos la misma e indagamos que ocurrió con el ánimo de aprender y resolver para no volver a tropezar en la misma piedra.

   Te animo a indagar en tus errores, anotarlos y tratar de encontrar la parte de responsabilidad que tuviste en ellos, busca patrones que se repitan, busca soluciones aportadas para encontrar el tesoro que ocultan sin olvidar que, a mayor porcentaje de responsabilidad, mayor es el aprendizaje que te espera siempre, que estés dispuesto a asumir el peso de tu culpa.

    No olvides que a mayor capacidad de asumir responsabilidades mayores serán los logros a los que puedas aspirar. Va en el «sueldo», mayores responsabilidades, mayores errores y mayores aprendizajes.

 

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El juego de todo o nada

El juego de todo o nada.

   Miras al desconocido a la cara, pero solo puedes ver sus ojos. Escudriñas con desconfianza su mirada, pensando que hace solo unos meses, los terroristas  eran los únicos que ocultaban su rostro tras una máscara.

   Todos nos hemos vuelto un poco más extraños y peligrosos a los ojos de los demás, presos de la desconfianza y el miedo, abrazados a un futuro que no llega donde la esperanza una vez más es recuperar aquello que no valoramos lo suficiente ayer.

   Me cruzo con un perro, y en su mirada imagino como siente un cierto grado de satisfacción, hoy, yo tambien llevo un bozal.

   Entro en el coche tras un breve paseo y siento que ese lugar es un nuevo espacio de libertad, estrecho, cerrado, acristalado como el mundo que nos hemos construido, mostrado desde un escaparate, pero inalcanzable para el de fuera e irreal para el que está dentro. Aparentemente seguro, pero peligrosamente incierto.

   La radio vuelve a lanzar las cifras de los muertos que ahora, ya necesitan de etiqueta para ser considerados, muertos que alcanzan la soledad antes incluso de abrazar la tierra, lágrimas que caen a un vacío cruel e inhumano y que no pueden ser ahogadas por ningún abrazo. Nos perdemos en las pantallas, buscando un mundo a salvo de nosotros pero solo cavamos un poco más el hoyo en el que nos estamos enterrando.

   No nos damos cuenta que aquello que echamos de menos hoy lo despreciabamos ayer, y hoy seguramente estamos despreciando algo, que mañana perderemos y es que en el juego de la vida hemos venido a perder y a aprender a valorar lo que aún hoy podemos disfrutar porque mañana, algún día, lo perderás todo.

– Siente el frío en tus pies, y el peso de tu cuerpo al levantarte por las mañanas.

– Toca tu pecho para sentir que aún estás aquí, vivo.

– Moja tu cara con el agua cristalina que sale por el grifo, un milagro solo al alcance de muy pocos en este mundo.

– Comprende que aún estás a tiempo de amar, de soñar despierto, de besar a un ser querido, de decir un hasta luego, un gracias o un perdón; una palabra amable, un halago, o incluso  de escribir un verso.

– De mirar al cielo y sentirte único por poder contemplar la mayor maravilla ante nuestros ojos.

– Siente el alimento regenerar tu cuerpo, saborea manjares, da igual si son nuevos o conocidos.

– Aún puedes oír de nuevo tu canción favorita, y sentir una vez más como tu cuerpo se estremece con ella.

– Hoy todavía puedes ayudar a un semejante, y sentir su agradecimiento sincero e incluso pedir esa ayuda que tanto necesitas y comprender lo importante que es estrechar una mano amiga.

   Lucha por aquello que quieres, que deseas para ti mañana, pero no olvides, que cada día, en esta partida que andas jugando, te las juegas a todo o nada.

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El reto de Belén

   Una uva tras otra, las doce campanadas dieron a luz a este 2020 mientras, nuestros pensamientos se diluían entre deseos mundanos y las burbujas de champán liberaban su mágico contenido en nuestras copas.
 
 
   Miramos a otro lado cuando las sirenas aullaron avisando que un tsunami se acercaba a nuestras casas, pensando que esas personas, ajenas y extrañas, estaban muy lejos de nosotros, pero no hay extraños en este mundo, a todos nos late el corazón, todos respiramos, todos anhelamos en el fondo, lo mismo.
 
   Y el mundo de repente se nos hizo muy pequeño, cuando sin poderlo imaginar, ya entre aquellas uvas, nos había alcanzado el desastre y los primeros enfermos empezaron a toser.

  Belén Torregrosa en una reflexión inteligente y aterciopelada como es su costumbre y que necesitas escuchar, tocó mi alma una vez más con esta invitación a elegir una palabra que resumiera este año, maldito año para unos y alabado por otros. Imágenes de momentos horribles que he vivido me trajeron de repente, palabras que en realidad no le hacían justicia, pero que son fáciles de recordar porque ahora están en boca de todos, y así mi reflexión surgió tranquila, al escuchar una de las frases de su presentación.

Sin pausas, en una frase.
   Agarré ese hilo, como en la maravillosa canción de Félix Fernández, sintiendo una intuición interesante de que esa frase me descubriría la palabra mágica, aquella que lograría alcanzar el reto que Belén me había lanzado, y así, sin darme casi cuenta, surgió 
 

    Es en los silencios cuando nos damos permiso para sentir, para sentirnos, es en los silencios cuando conectamos con quien somos, lo queramos o no. Y me pareció que Silencio podría haber sido la ganadora, pero algo le faltaba, porque silencio me recuerda a olvido, a vacío y a tristeza, pero no era eso lo que este año me había hecho sentir, y entonces tras un silencio, la certeza.

   Ya lo cantaba Ana Torroja en los ochenta, «soñé por un momento que era aire», y así el silencio se lleno de aire, una palabra que cada uno de nosotros descubrió cuando la echamos en falta, parapetados detrás de unas mascarillas que nos habían borrado el rostro y nos habían mermado el aliento.
 
   Y entonces, de repente, el aire llenó el silencio, la respiración se convirtió en el único objetivo de la vida, paladearlo, sentir como inundaba mis pulmones y me daba una nueva oportunidad para ser, para existir, para amar. Y lo eché de menos cuando dejó de entrar, vaya si lo eché de menos, y me prometí que le haría un homenaje.
 
Sin silencios
 
   El aire lo llena todo, y con él, la oportunidad de empezar de nuevo, de creer en tus posibilidades, el aire le pone voz a las palabras y lo hace como lo ha hecho este 2020, en silencio, una oportunidad para todos de descubrir que es lo verdaderamente importante, y que en ocasiones es transparente a los ojos, salvo que los haga humedecer. Una oportunidad para comprender el poder del amor, de la empatía, de la humanidad, de la esperanza, de la belleza y de la unión que nos hace más fuertes, para enfrentar los retos que nos acechan. Una oportunidad para comprender que no es lo mismo valor que precio, si no queremos descubrir el precio que nos cuesta mirar hacia otro lado.
 
 
  
   Ahora te toca a ti, te invito a que descubras a Belén si es que aún no lo hiciste, déjate llevar mientras escuchas de fondo, despacito, a Félix y descubre cual es tu palabra, esa que te llevas, esa que hará latir con fuerza tu corazón cuando las burbujas de champan estallen en tu copa y se conviertan, por fin, en aire.
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El día en que me convertí en una planta

Me miro en el espejo, y aún no puedo reconocerme.

Se dice que lo que no mata engorda, pero os puedo asegurar que no es cierto, este maldito bicho no ha conseguido matarme, pero si me ha dejado con 25 kilos menos.

Todo empezó a mediados de marzo, con toses, y fiebre, soy fuerte; no le hice mucho caso, mis proyectos y mi trabajo eran demasiado importantes como para parar; mi vida transcurría fluida, sin demasiadas preocupaciones hasta aquel día 28 de mazo de 2020, en el que la fiebre y la tos se hicieron ya insoportables.

Allí estaba, en urgencias, territorio desconocido para mí, la sala era lúgubre, me acompañaban otras personas que estaban más o menos como yo, cabizbajas, temiendo lo peor; unas pocas pruebas y acabé ingresado en planta, donde aún permanecí un par de días más. Cuando las fuerzas no me dejaban ya ni comer, un ángel apareció en mi habitación y me llevó a la UCI, era la doctora que un mes y medio después me salvaría la vida, mi preciada madre Carmen.

Después de varias carreras por los pasillos del hospital me sedaron y permanecí dormido durante unos 40 días en los que me debatí entre la vida y la muerte.

Ese tiempo de sueño estuvo plagado de las peores pesadillas que se puedan imaginar, la creatividad se volvió en mi contra y la tortura de esas historias terribles sin final se apoderaron de mí. La realidad se mezclaba con la fantasía en un bucle en el que no podía saber si estaba despierto o por fin había muerto. Jamás las olvidaré.

Y entonces llegó el día, debieron retirarme poco a poco la sedación, y finalmente pude despertar para descubrir que me había convertido en una planta. Allí, frente a mis ojos estaba el techo de aquel agujero, donde la luz artificial lo inundaba todo, e innumerables alarmas sonaban por doquier abotargando mis oídos. Personas que parecían astronautas iban y venían sin cesar, sin darse cuenta que allí, boca arriba, estaba yo por fin despierto. Intenté llamarles, pero no podía hablar, entonces intenté levantar un brazo para llamar su atención y descubrí que no podía mover un solo músculo en todo mi cuerpo, me había convertido en un vegetal.

Acaso merece la pena vivir así, la pesadilla no había hecho más que comenzar, el miedo, la incertidumbre se apoderaron de mi. Miraba a los lados de mi cama y descubría que estaba rodeado de un abismo infinito que me impedía salir de aquel lugar. Tubos entraban y salían de todo mi cuerpo, en un empeño por alargar aquel sin sentido. Las lágrimas ahogaban mis gritos mudos, mientras intentaba pedir ayuda o tan solo un poco de agua, fue así como descubrí que la felicidad está en beber un simple vaso de agua fresca cuando uno está sediento.

Totalmente dependiente para sobrevivir, me di cuenta de que todos somos totalmente dependientes de nuestros semejantes, y que muy pocas veces tenemos la capacidad de dirigir nuestro destino, llevo toda la vida haciendo planes y una y otra vez la realidad se encarga de rectificar mi camino, y es que es la relación que tenemos con los demás, lo que hace mover el mundo.

Aquellas personas, ajenas totalmente para mi, se convirtieron en mi sostén vital leyéndome los labios; así descubrían, no sin mucho esfuerzo, mis necesidades más básicas y vitales, ellos son sin duda alguna los verdaderos héroes de esta historia, enfrentándose a la certeza de un monstruo invisible que amenazaba sus vidas y las de sus seres queridos. Siempre dispuestos, siempre con una sonrisa, con una palabra de aliento, con una esperanza que te mantiene agarrado al precipicio e impide que te dejes vencer por ese reto tan monumental. Doctores, enfermeros, auxiliares, celadores, limpiadores, fisioterapeutas y demás profesionales realizando una labor para la que no estaban ni preparados ni dotados. Es la representación desesperada de la lucha entre David y Goliath.

Los médicos y enfermeros me devolvieron la vida, me dieron más tiempo para vivir con mi familia, mi mujer, mis hijos, mis padres y hermana, y mis suegros, Más tiempo para compartir con mis amigos, mis clientes y compañeros.
 
Los fisioterapeutas me han devuelto la libertad y la esperanza de recuperar el control sobre mi cuerpo, con ellos he aprendido a comer, a levantarme de la cama, a ponerme en pie y caminar, a subir escaleras y mover los brazos, algo que hace apenas un mes me parecía totalmente imposible.

Ahora un nuevo futuro se abre ante mi, más consciente, más paciente, más dependiente; son las enseñanzas que me tenía reservadas esta pesadilla y que he tenido que aprender a base se esfuerzo y dolor, de soledad, de parálisis.

No cometas el error de pensar que esto solo le pasa a los demás, protégete, ponte la mascarilla, los guantes, mantén la distancia de seguridad porque la ruleta rusa sigue ahí, esperando la oportunidad de apresarte y poner en riesgo todo aquello que eres, todo lo que tienes y todo lo que haces.

Dos años después de escribir esta entrada, te invito a que descubras los aprendizajes que extraje de esta experiencia en La cicatriz.

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Año nuevo, viejos errores

 Acaba de nacer un nuevo año, y con él, llegan momentos de reflexión, de propósitos y objetivos tanto a nivel personal como profesional, caldo de cultivo a una esperanza que quizá te esté matando lentamente. En años anteriores has hecho lo mismo, y no ha funcionado. Puedes volver a buscar frases en internet que te empoderen, aunque en este post no las vas a encontrar; quiero acercarte a un modo distinto de enfocar tus anhelos, tus aprendizajes, tus deseos, y luego, ya sabes, #Túdecides

   Como parece que las listas funcionan en las entradas de un blog pues ahí va mi propuesta para romper con algunos paradigmas implantados en el mundo del crecimiento personal, el emprendimiento y el cambio profesional.

   Este nuevo año no tiene por que ser el mejor año de tu vida. Y es que en realidad comerse las uvas cambia muy poco la película que estás viviendo (espero no haberte hecho spoiler). Necesitarás estar dispuesto a cambiar el guión, los actores, el escenario e incluso al protagonista, y esto, seamos sinceros, cuesta y mucho.

   Hablemos de objetivos, esos que debemos poner en un papel y que están escritos desde la escasez, el ansia y el ego. ¿Verdaderamente necesitas aquello que te has propuesto?, incluso aun cuando sabes que te hace daño. Si has dedicado menos de 1 hora a pensar en tus objetivos y en el precio que tendrás que pagar por alcanzarlos, en el peor de los casos quizá lo consigas, para descubrir el año que viene, que eso no te hace feliz.
 
   Cuando de objetivos se trata, en ocasiones se apela a la manida frase

Si quieres, puedes.

   Desengáñate, lo que quieres en la vida tiene más que ver con tus deseos que con tus pensamientos; es extremadamente complejo aprender a controlar esos deseos y es por ese motivo que lo que «realmente quieres» acaba ocupando el espacio de lo que necesitas. No digo que sea imposible, aunque debes aprender primero a perdonarte por fracasar; y es que es más importante aprender a gestionar tus emociones y deseos que lo que te hayas propuesto alcanzar, sea lo que sea.

   Si estás trabajando y te sientes a disgusto, no lo dejes para emprender, este no es motivo suficiente para embarcarse en un proyecto que, probablemente, precisará más tiempo del que puedas imaginar. Emprender es mucho más que cambiar de trabajo o ser tu propio jefe, muchísimo más. Vas a perder dinero, te van a engañar, trabajarás muchas más horas, aunque si aún así sigues pensando en hacerlo, busca a personas que ya hayan conseguido lo que tu buscas y escúchalos atentamente.

   Revisa aquello de ti de lo que más orgulloso te sientas; eso que enarbolas como tu mayor virtud es probablemente lo que más daño te hace. Los demás lo saben y lo utilizan contra ti. Y en cuanto al talento, no te equivoques, está sobrevalorado, no es el talento lo que vende, sino el valor que ofreces, los problemas que resuelves y a cuantas personas ayudas a resolverlos.

   Acostúmbrate a parar para respirar conscientemente, para tomar perspectiva, para pensar, o descubrir lo que sientes; derriba a ese Dios que gobierna tu mundo desde tu muñeca. Tu tiempo es tu mayor activo y por lo tanto no puedes ser su esclavo. Descubre el poder de la paciencia, y comprende que cada cosa tiene su momento, su proceso y su lugar.

   La vida es éxito a raudales, abundancia por todas partes, y sin embargo  nosotros, los seres humanos, la identificamos con aquello que tenemos o con aquello que hacemos; asómate a la vida por otra ventana distinta y descubre que es constancia, amor, y presencia en el aquí y el ahora. Si quieres probar las mieles del éxito, primero conócete a ti mismo, que es además, el camino más directo a comprender a los demás. Eso si que es libertad.

Olvídate de lo que ves, pues no es lo que tu crees, sino una invención creada por tus sentidos, tus creencias y tus emociones. Para conocer la verdad necesitas confiar en tu intuición e indagar las enseñanzas que se encuentran detrás de cada grito que das, detrás de cada lágrima que derramas, detrás de cada decepción, detrás de tus huidas y tus fracasos.
 
 
 

   Espero que algunas de estas reflexiones te ayuden en tu camino, aunque nunca debes olvidar que cuestionarse cada idea que te llega es el camino hacia tu verdadera maestría.

 
 
 Feliz año nuevo

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