Envidia

Diccionario Emocional – Envidia

   Envidia es una palabra que proviene del latín Invidere que significa mal ojo, un sentimiento o emoción que nos provoca malestar cuando la sentimos y que es una de las peores emociones desadaptativas ya que no ofrece recompensa alguna a aquel que la siente, al contrario que ocurre con la ira, el miedo o la tristeza. La envidia es una emoción estéril.

   La envidia no promueve la acción, ni nos da fuerza alguna, solo nos produce dolor ante aquello objeto de nuestra emoción. Algo o alguien que anhelamos tener y que posee otra persona.

   La envidia, tambien llamada Mal de ojo en la cultura latina, se convierte en un arma arrojadiza que busca desposeer al otro de aquello que queremos. Aunque lo verdaderamente importante es que el otro no lo tenga. Y sin duda este es el mensaje que nos arroja y que debemos comprender, aquel que envidia, en realidad se minusvalora, ni siquiera quiere tener lo que el otro, ya que él no puede tenerlo, lo que resuelve la ecuación es que el otro tampoco lo tenga.

   La envidia es un protector del ego, es un semáforo de protección ante nuestras incapacidades del tipo que sean, se puede envidiar todo, llegando incluso a envidiarse hasta lo malo, sencillamente ante el hecho de que el otro recibe la atención que uno quiere.

Una persona envidiosa, es una persona con sentimientos de impotencia.

   Pero la envidia solo es el primer paso, puesto que se vive en silencio y muchas veces disfrazada con una sonrisa de felicidad; va mutando en el interior, cociéndose a fuego lento, haciéndose poderosa y peligrosa, al transformarse en Resentimiento, convirtiendo al objeto de su envidia en el responsable de su incapacidad y su impotencia, y es entonces cuando detrás del rostro sonriente, se termina ocultando el psicópata capaz de lanzar todo ese dolor acumulado y oculto contra otra persona, convertida en ira que buscará destruir al ser envidiado.

   Ya no es suficiente con que no tenga lo que queremos, tenemos de producir daño, provocar el dolor que hemos sentido, para equilibrar una ecuación que en realidad desbalanceamos nosotros mismos.

Provocar envidia está valorado socialmente en la sociedad del consumo.

    Se dice que un 50% de las personas del mundo son capaces de sentir esta emoción porque fue Cain el primer ser humano en sentirla, y así todos aquelllos que la sienten son descendientes de él, pero en realidad toda persona es susceptible de sentir envidia, al ser una emoción social que nos marca un camino en nuestro propio crecimiento personal.

 

  Cuando sientes envidia, es momento de preguntarse que hay detrás de esa emoción, que es lo que anhelamos tener dentro de nosotros y de que capacidad carecemos para cubrir esa necesidad.

   Las redes sociales son verdaderos calderines donde se cuece la envidia, pues está valorado socialmente el provocarla, de forma que observando los muros, uno puede hacer suya la frase de «Dime de que presumes y te diré de que careces». No existe la envidia sana, si se siente envidia, existe una carencia, una necesidad en nuestro interior que debemos sanar.

   Conviene no olvidar que no podemos compararnos con nadie, porque somos únicos no solo como seres humanos, sino tambien las circunstancias que cada uno hemos vivido y por lo tanto la comparación es imposible. Pero además podemos ir un paso más allá, cuando nos comparamos, siempre tendemos a hacerlo en aquellos puntos en los que salimos perdiendo.

   Una persona envidiosa minusvalora su objeto de deseo, e incluso lo humilla, dan consejos con el objetivo de que el otro pierda aquello que él o ella desean; una persona envidiosa imita, alardea y critica, y si como consecuencia de todo lo anterior no logra su objetivo, se aleja y desaparece.

   La envidia es dolor, carencia, hambre de espíritu, es incapacidad, impotencia, es falta de responsabilidad, egocentrismo y en definitiva una sensación de vacío que engulle todo lo que uno si puede disfrutar.

   Para salir de la envidia, has de detectarla en ti, comprender cuales son tus necesidades y como puedes cubrirlas desde tu propio crecimiento personal, y sin duda el mejor arma para curar la envidia es dar aquello de lo que carecemos, ser generoso con aquellos que aún tienen menos que nosotros, para descubrir que nuestra sanación está ahí, esperando ser escuchados por nosotros mismos.

 

 
 
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