La recuperación física, fue relativamente sencilla, pero nadie me previno de la debacle psicológica y emocional que me esperaba y que me han supuesto 5 años de trabajo muy duro para comprender que la vida para mi ha cambiado de una forma radical, mejor dicho, no ha sido la vida lo que ha cambiado, sino yo mismo, mis necesidades, mis prioridades, mis sueños, mis valores y en definitiva mi identidad.
Nada cobra sentido cuando tras recuperarte físicamente, tu mente trata de recuperar su lugar en la vida y lucha por recuperar lo que fue, pero entonces nada parece ya tener sentido.
Por doquier, en conversaciones, la gente con la que hablas te dice que ahora eres más fuerte, pero en realidad no es así, debes descubrir que ya no puedes volver a ser el que fuiste, asumir la nueva realidad y comprender que se abre un nuevo camino en el que aprender quién eres ahora se convierte en el propósito de tu existencia. Tu mente lucha por recuperar el pasado, tu vida anterior, pero sencillamente, eso carece ya de todo sentido.
Grandes aprendizajes en el presente se mezclan con las emociones pasadas como el miedo, la incertidumbre, el dolor, pero también el amor, la empatía, la cercanía, y la amistad por las personas anónimas que ahora forman parte mi, ni mejor ni peor que el de antes, sencillamente diferente.
Las palabras que ahora intentan reflejar lo que soy, tienen que ver con respirar, con sentirme sereno, con ser paciente y confiar, con arriesgar y divertirme, con compartir y comprender, y sobre todo con agradecer.
Ahora toca embarcarse en nuevas aventuras que si quieres compartiré contigo.
Desde aquí quiero agradecer por su apoyo incondicional a Nuria mi mujer, que estuvo conmigo cuando luchaba al borde de la muerte, a mi doctora Carmen, mi segunda madre, a Juanma, Luz, Rubén y Pedro los fisios que me ayudaron a ponerme en pie de nuevo, a todas las auxiliares, enfermeras, celadores y limpiadoras que me acompañaron a salir del infierno, en especial a Mamen por su cariño y a Belén por ayudarme a salir del victimismo, a mi coach Patricia y a mi Psicóloga Guadalupe, a Idoya y a Raquel por su escucha activa sin juzgarme, a mi amigo Colo por mantener vivo nuestro sueño de Sueños de un Maniquí al que me agarré como a un clavo ardiendo y en especial a mis amigas Cristina y Mayte, que con su muerte me dieron el principal aprendizaje. Mi agradecimiento a todas ellas, personas responsables de que hoy pueda seguir soñando.
Hasta siempre y gracias.