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El renacido

El renacido 

   Lo que empezó con El día que me convertí en una planta, tras haber sido capaz de superar un Covid 19 muy grave, y siguió un año después con los aprendizajes que compartí en La cicatriz, me toca contarte hoy día 30 de Marzo de 2025 lo que han supuesto para mi estos 5 años post pandemia, con este post pongo punto final a esta serie sobre el Covid 19 vivido en mis propias carnes.

   He de confesarte que, tras los dos primeros años, sencillamente lo olvidé, seguí con mi vida, en un intento de borrar de mi memoria lo vivido en aquella situación, aunque he tenido un proceso de descubrimiento que un poco más abajo te contaré.

   No ha sido tan fácil como decir punto y seguido, hace unos días cayo en mis manos el podcast de Contramarea de la Cadena Ser, creado por el enfermero Karim Agharbi sobre la experiencia de lucha vivida en esos días en el Hospital 12 de Octubre y me ha despertado toda una serie de recuerdos y de emociones que me indican que la huella que dejó esta experiencia en mi es mucho más profunda de lo que yo creía.

   La recuperación física, fue relativamente sencilla, pero nadie me previno de la debacle psicológica y emocional que me esperaba y que me han supuesto 5 años de trabajo muy duro para comprender que la vida para mi ha cambiado de una forma radical, mejor dicho, no ha sido la vida lo que ha cambiado, sino yo mismo, mis necesidades, mis prioridades, mis sueños, mis valores y en definitiva mi identidad.

   Nada cobra sentido cuando tras recuperarte físicamente, tu mente trata de recuperar su lugar en la vida y lucha por recuperar lo que fue, pero entonces nada parece ya tener sentido.

   Por doquier, en conversaciones, la gente con la que hablas te dice que ahora eres más fuerte, pero en realidad no es así, debes descubrir que ya no puedes volver a ser el que fuiste, asumir la nueva realidad y comprender que se abre un nuevo camino en el que aprender quién eres ahora se convierte en el propósito de tu existencia. Tu mente lucha por recuperar el pasado, tu vida anterior, pero sencillamente, eso carece ya de todo sentido.

   Grandes aprendizajes en el presente se mezclan con las emociones pasadas como el miedo, la incertidumbre, el dolor, pero también el amor, la empatía, la cercanía, y la amistad por las personas anónimas que ahora forman parte mi, ni mejor ni peor que el de antes, sencillamente diferente.

   Las palabras que ahora intentan reflejar lo que soy, tienen que ver con respirar, con sentirme sereno, con ser paciente y confiar, con arriesgar  y divertirme, con compartir y comprender, y sobre todo con agradecer.

   Ahora toca embarcarse en nuevas aventuras que si quieres compartiré contigo.

   Desde aquí quiero agradecer por su apoyo incondicional a Nuria mi mujer, que estuvo conmigo cuando luchaba al borde de la muerte, a mi doctora Carmen, mi segunda madre, a Juanma, Luz, Rubén y Pedro los fisios que me ayudaron a ponerme en pie de nuevo, a todas las auxiliares, enfermeras, celadores y limpiadoras que me acompañaron a salir del infierno, en especial a Mamen por su  cariño y a Belén por ayudarme a salir del victimismo, a mi coach Patricia y a mi Psicóloga Guadalupe, a Idoya y a Raquel por su escucha activa sin juzgarme, a mi amigo Colo por mantener vivo nuestro sueño de Sueños de un Maniquí al que me agarré como a un clavo ardiendo y en especial a mis amigas Cristina y Mayte, que con su muerte me dieron el principal aprendizaje. Mi agradecimiento a todas ellas, personas responsables de que hoy pueda seguir soñando.

Hasta siempre y gracias.

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La cicatriz

La cicatriz

Han pasado ya dos años desde el día en que me desperté tetrapléjico y mudo en la UCI del Hospital de Guadalajara, pero ahora ya no toca hablar de mi experiencia, si no la conoces, te recomiendo visitar antes la entrada EL DÍA EN QUE ME CONVERTÍ EN UNA PLANTA.

Paseo por la calle como me gusta hacer cada día, para sentir la vida fluir a través de mí y me olvido de que está ahí, en mi cuello, para recordarme  lo que me ocurrió, hace ya dos años, aunque aún me parezca imposible.

La gente me mira y yo les devuelvo una mirada de tranquilidad, se que provoca una mezcla de miedo y asco, ese agujero que ahora forma parte de mí. Es la cicatriz más visible que sí habla de quién soy, aunque no es la única, otras andan ocultas a la vista incluso dentro de mi alma.

No olvides nunca que tus cicatrices si que hablan de quien eres, de las experiencias que viviste, de los retos que superaste, las heridas que sanaste y de tus ganas de vivir. No son un motivo de orgullo, sencillamente son porque estás y eso sin duda es lo más importante.

Hace ya dos años de desperté de la pesadilla infinita para sumergirme en otra aún peor, algo difícil de asumir y de enfrentar pero, que otra cosa puedes hacer ante un problema sino tratar de superarlo, de confrontarlo, de jugar la partida hasta el final.

 

Hoy todo parece un mal sueño, y por eso la cicatriz me obliga a recordar lo que el virus me quitó, pero tambien a reconocer cuanto me ha dado, sin duda por aquellos quedaron por el camino, y por los que andan ahora peleando; por eso siento la necesidad de compartir contigo los aprendizajes que me han hecho hoy una persona distinta, ni mejor ni peor, solo diferente, quizá más fuerte y paciente.

Mi primer aprendizaje, casi nada más despertar, fue comprender que lo más importante de la vida, nos pasa totalmente desapercibido porque lo damos por seguro, y entre todas las cosas me quedo con una, y es respirar. Sentir como entra el aire en los pulmones sencillamente es la señal de que puedes seguir peleando, luchando por tus sueños, cada vez que inspiras, un mundo nuevo de posibilidades está disponible para ti; si algo debo recomendarte es que, si fumas, dejes de hacerlo, y si lo intentas y caes, lo vuelvas a intentar hasta que lo logres. Te aseguro que sentir que el aire no entra en los pulmones ha sido la peor experiencia de mi vida.

Cuando se habla de enfermedad, es cuando echamos en falta la salud, en ese trinomio de la supuesta felicidad que forma con el dinero y el amor. En aquellos momentos el dinero me importaba más bien nada, aunque si no hubiese sido por él, el hospital donde me salvaron sencillamente no existiría. La falta de salud lo borra todo, y entonces ya no importa nada, nada salvo una cosa, EL AMOR. A falta del amor de mis seres queridos, recibí desde el principio el amor incondicional de todos aquellos que me cuidaban y te aseguro que, sin él, no habría podido salir adelante. Con el amor de tu lado, cualquier reto es asumible por grande que sea, tenlo muy en cuenta, pues el amor puede ser dado de forma incondicional, no necesitas motivos, ni permiso para amar, así que AMA.

Me llegaron mensajes a través de videos, videoconferencias, conversaciones (bueno eran más bien monólogos, yo solo escuchaba) y tras un tiempo comprendí que se puede amar sin permiso, pero no se puede forzar la amistad, sencillamente no se puede ser amigo de quien no quiere serlo. Qué más da, siempre podrás seguir amando.

Déjame que piense, tras las pesadillas que han quedado en mi como recuerdos del pasado, entre las sombras, la niebla y el miedo, estaban los compromisos, la esperanza y los proyectos por terminar y todo eso, se convierte en esos momentos en asideros a los que te puedes agarrar para lograr seguir respirando y evitar perder lo único que te queda, porque de eso descubres que va la vida, de perder, de aprender a perderlo todo hasta que ya no te quede nada, por eso te invito a comprender que la vida no va de tener, sino de disfrutar de lo que tienes ahora, justo en este momento.

 

Allí, mientras estuve en coma y durante varias ocasiones, acabé flotando en la nada, en la oscuridad más absoluta, rodeado de silencio y vacío, de ausencia y olvido, allí donde parece que te espera el miedo y la muerte, allí donde acaba todo, en realidad te espera la tranquilidad y la certeza, el sosiego y la paz, la calma absoluta, por eso no tiene sentido temer el final, en él no hay sitio para la impaciencia y el miedo, solo hay sitio para el amor.

 

Caminar, correr, subir o bajar, levantarse, eso es sencillamente ser libre, si puedes hacerlo, estás a un paso de la felicidad, aunque creo que incluso sin eso, se puede aprender a ser feliz, yo encontré la felicidad en el vuelo de los pájaros, el vagar de las nubes, incluso en el claxon de los coches que no podía ni ver, pero que me permitían saber que allí fuera, la vida aún me estaba esperando.

 

Saborear, beber, y conversar ya no son simples placeres, sino lujos que no llegamos a comprender hasta que los perdemos, disfrútalos siempre que puedas,  siempre consciente.

Y detrás de todo, apoyando en el sufrimiento, está lo único que permanecerá frente a viento y marea, anhelando un regreso que se pone en riesgo tras cada llamada de teléfono, la familia, los amigos, tus seres queridos, que son la energía que mueve la existencia de cada uno de nosotros sin que nos demos cuenta. Cuando todo se pierde, en realidad aún quedan ellos, aún presentes, llorando por la pérdida que en realidad no es tal, pues tú ya formas parte de ellos igual que ellos, forman parte de ti, (así lo viví en varias de mis pesadillas).

 

Hoy sano, y sabiéndome un privilegiado con mucha mucha suerte, tengo el derecho y el deber de vivir, desde la tranquilidad y la paciencia, desde la empatía y la comprensión, desde la ilusión y el respeto, desde la tolerancia para poner punto y seguido, y espero de corazón que podamos conocernos por el camino.

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El día en que me convertí en una planta

Me miro en el espejo, y aún no puedo reconocerme.

Se dice que lo que no mata engorda, pero os puedo asegurar que no es cierto, este maldito bicho no ha conseguido matarme, pero si me ha dejado con 25 kilos menos.

Todo empezó a mediados de marzo, con toses, y fiebre, soy fuerte; no le hice mucho caso, mis proyectos y mi trabajo eran demasiado importantes como para parar; mi vida transcurría fluida, sin demasiadas preocupaciones hasta aquel día 28 de mazo de 2020, en el que la fiebre y la tos se hicieron ya insoportables.

Allí estaba, en urgencias, territorio desconocido para mí, la sala era lúgubre, me acompañaban otras personas que estaban más o menos como yo, cabizbajas, temiendo lo peor; unas pocas pruebas y acabé ingresado en planta, donde aún permanecí un par de días más. Cuando las fuerzas no me dejaban ya ni comer, un ángel apareció en mi habitación y me llevó a la UCI, era la doctora que un mes y medio después me salvaría la vida, mi preciada madre Carmen.

Después de varias carreras por los pasillos del hospital me sedaron y permanecí dormido durante unos 40 días en los que me debatí entre la vida y la muerte.

Ese tiempo de sueño estuvo plagado de las peores pesadillas que se puedan imaginar, la creatividad se volvió en mi contra y la tortura de esas historias terribles sin final se apoderaron de mí. La realidad se mezclaba con la fantasía en un bucle en el que no podía saber si estaba despierto o por fin había muerto. Jamás las olvidaré.

Y entonces llegó el día, debieron retirarme poco a poco la sedación, y finalmente pude despertar para descubrir que me había convertido en una planta. Allí, frente a mis ojos estaba el techo de aquel agujero, donde la luz artificial lo inundaba todo, e innumerables alarmas sonaban por doquier abotargando mis oídos. Personas que parecían astronautas iban y venían sin cesar, sin darse cuenta que allí, boca arriba, estaba yo por fin despierto. Intenté llamarles, pero no podía hablar, entonces intenté levantar un brazo para llamar su atención y descubrí que no podía mover un solo músculo en todo mi cuerpo, me había convertido en un vegetal.

Acaso merece la pena vivir así, la pesadilla no había hecho más que comenzar, el miedo, la incertidumbre se apoderaron de mi. Miraba a los lados de mi cama y descubría que estaba rodeado de un abismo infinito que me impedía salir de aquel lugar. Tubos entraban y salían de todo mi cuerpo, en un empeño por alargar aquel sin sentido. Las lágrimas ahogaban mis gritos mudos, mientras intentaba pedir ayuda o tan solo un poco de agua, fue así como descubrí que la felicidad está en beber un simple vaso de agua fresca cuando uno está sediento.

Totalmente dependiente para sobrevivir, me di cuenta de que todos somos totalmente dependientes de nuestros semejantes, y que muy pocas veces tenemos la capacidad de dirigir nuestro destino, llevo toda la vida haciendo planes y una y otra vez la realidad se encarga de rectificar mi camino, y es que es la relación que tenemos con los demás, lo que hace mover el mundo.

Aquellas personas, ajenas totalmente para mi, se convirtieron en mi sostén vital leyéndome los labios; así descubrían, no sin mucho esfuerzo, mis necesidades más básicas y vitales, ellos son sin duda alguna los verdaderos héroes de esta historia, enfrentándose a la certeza de un monstruo invisible que amenazaba sus vidas y las de sus seres queridos. Siempre dispuestos, siempre con una sonrisa, con una palabra de aliento, con una esperanza que te mantiene agarrado al precipicio e impide que te dejes vencer por ese reto tan monumental. Doctores, enfermeros, auxiliares, celadores, limpiadores, fisioterapeutas y demás profesionales realizando una labor para la que no estaban ni preparados ni dotados. Es la representación desesperada de la lucha entre David y Goliath.

Los médicos y enfermeros me devolvieron la vida, me dieron más tiempo para vivir con mi familia, mi mujer, mis hijos, mis padres y hermana, y mis suegros, Más tiempo para compartir con mis amigos, mis clientes y compañeros.
 
Los fisioterapeutas me han devuelto la libertad y la esperanza de recuperar el control sobre mi cuerpo, con ellos he aprendido a comer, a levantarme de la cama, a ponerme en pie y caminar, a subir escaleras y mover los brazos, algo que hace apenas un mes me parecía totalmente imposible.

Ahora un nuevo futuro se abre ante mi, más consciente, más paciente, más dependiente; son las enseñanzas que me tenía reservadas esta pesadilla y que he tenido que aprender a base se esfuerzo y dolor, de soledad, de parálisis.

No cometas el error de pensar que esto solo le pasa a los demás, protégete, ponte la mascarilla, los guantes, mantén la distancia de seguridad porque la ruleta rusa sigue ahí, esperando la oportunidad de apresarte y poner en riesgo todo aquello que eres, todo lo que tienes y todo lo que haces.

Dos años después de escribir esta entrada, te invito a que descubras los aprendizajes que extraje de esta experiencia en La cicatriz.

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